Casa Pedrigal Mexico @Gabriel Magdaleno

Capital cultural: Cómo los diseñadores estadounidenses y mexicanos están construyendo puentes y redefiniendo el lujo

Diseñadores en Casa Pedregal de Luis Barragán

Los diseñadores estadounidenses viajan al sur para colaborar con los mejores artesanos y creativos de México, sumergiéndose en el rico patrimonio del diseño mexicano y descubriendo el verdadero significado de la artesanía y su renovada importancia en la actualidad.

CIUDAD DE MÉXICO — La silla se encontraba en el centro de la habitación, discreta a primera vista. Fabricada en madera oscura y pulida con un asiento de cuero tejido, no era ostentosa. No pretendía impresionar. Pero cuanto más la observaba, más demandaba mi atención.

«Estos diseños estaban casi perdidos, sus historias desvaneciéndose con el tiempo, al borde de la desaparición. Pero el diseño es memoria, y al revivirlos, no solo estamos preservando el pasado, sino que estamos moldeando su futuro,» comparte Juliette Frey, Directora de Clásicos Mexicanos.

Nos encontrábamos en el interior de Lago Algo, un espacio cultural vanguardista con vistas al Lago del Bosque de Chapultepec, rodeados de algunos de los más importantes diseñadores y artesanos mexicanos. El almuerzo de aquella tarde —un despliegue de platillos bañados en mole y tortillas recién prensadas— estuvo puntuado por un apasionado panel de discusión liderado por Clásicos Mexicanos, un colectivo de diseño dedicado a revivir y preservar icónicos muebles mexicanos.

Era una silla, sí. Pero también era una advertencia silenciosa —un testimonio de cuán fácilmente la historia puede desaparecer si no luchamos por preservarla. La artesanía no se trata solo de objetos; se trata de memoria, de las historias entretejidas en la madera, la tela y la piedra.

Esa idea resonó a lo largo del resto del viaje. Durante cinco días, 18 diseñadores estadounidenses recorrieron la Ciudad de México —no como turistas, sino como testigos. Se adentraron en talleres privados, fábricas de muebles, galerías de arte y estudios de diseño, donde la artesanía no era una tradición en declive, sino el latido de la innovación moderna.

El viaje estaba profundamente arraigado en el Diseño Mexicano, donde la intersección entre la tradición y el arte contemporáneo era innegable. Ya fuera en la madera tallada, los textiles o los detalles arquitectónicos, cada elemento narraba una historia más amplia de cómo el diseño en México ha evolucionado mientras preserva su esencia.

Una ciudad que se conoce a sí misma

Para Jim Warnock, fundador de Dunes Design, la Ciudad de México es la incubadora creativa por excelencia —una metrópolis que se niega a elegir entre el pasado y el futuro. Es una ciudad donde las fachadas coloniales se yerguen junto a la arquitectura de vanguardia, donde las tradiciones prehispánicas informan el diseño contemporáneo, donde tanto artesanos como arquitectos se nutren de siglos de historia mientras forjan algo distintivamente moderno.

Jim Warnock en Casa Barragán
Jim Warnock, fundador de Dunes Design, en Casa Pedregal de Luis Barragán

«Tiene una hermosa mezcla de sofisticación y vanguardia, formalidad y relajación», comentó Warnock durante el desayuno en el Hotel Volga, un hotel boutique conocido por su compromiso con el diseño mexicano contemporáneo. La conversación derivó entre diversos temas —arquitectura, artesanía, sostenibilidad— pero su admiración por la ciudad era evidente. «Es cosmopolita, pero hace un uso asombroso de sus espacios verdes. El nivel de artesanía y el respeto por la tradición otorgan una historia y un significado que van más allá de que algo sea simplemente apropiado para un proyecto de diseño».

Hotel Volga

Esa fusión de historia y modernidad se hizo evidente desde la primera visita al estudio. En el taller de Daniel Orozco, su más reciente colección de muebles parecía casi geológica —piezas moldeadas por el tiempo, por la mano, por fuerzas tanto naturales como humanas. No había nada apresurado ni forzado en sus diseños; se sentía como si siempre hubieran existido, esperando ser descubiertos.

«El diseño mexicano no se trata solo de estética», nos dijo Orozco, observando cómo los diseñadores pasaban sus manos sobre las superficies de su trabajo. «Se trata de memoria».

El grupo estudió la madera tallada, las texturas tejidas, el inesperado juego entre lo áspero y lo refinado. Cada detalle llevaba la marca del artesano, las sutiles irregularidades que probaban que una mano humana había estado allí. Pamela Pennington, de Pennington Studios, dio un paso atrás, sus ojos trazando las líneas orgánicas de una silla. «Puedes ver el toque humano en cada detalle», dijo. «Este es el tipo de trabajo que tiene alma».

Pamela Pennington en la Galería Territorio

Y en ese momento, el propósito del viaje se hizo inequívoco: no se trataba de tendencias de diseño. Se trataba de las personas, las historias, el proceso.

El arte de la curaduría: cómo el diseño narra una historia

Marcos Jassan, cuya pericia en arquitectura e historia cultural moldeó la experiencia, enfatizó que la selección de estudios, galerías y talleres no se trataba únicamente de exhibir un gran diseño, sino de narrar una historia.

Marcos Jassan presenta en la Charla de Diseño de las Dunas en Clásicos Mexicanos con Lago Algo

«El diseño no se trata solamente de objetos; se trata del contexto,» explicó Jassan. «Deseábamos mostrar cómo los diseñadores mexicanos están tomando la tradición y llevándola hacia adelante, haciéndola relevante en una conversación global. No se puede apreciar el futuro del diseño sin comprender de dónde proviene.» Esta filosofía guió cada parada en el itinerario.

Salvador Compañ y Héctor Esrawe

Un recorrido por la vanguardia creativa de la Ciudad de México

El panorama del diseño en la Ciudad de México es tan estratificado como su historia, y a medida que el grupo se desplazaba de estudio en estudio, emergía una imagen más clara: este era un lugar donde la artesanía no solo se preservaba, sino que se redefinía activamente para el mundo moderno.

«Lo que más me impresionó», reflexionó Chris Goddard de Goddard Design Group, «fue cómo el diseño aquí no se trata solo de estética o función, se trata de narrar historias. Cada pieza que vimos portaba una narrativa, ya fuera en los materiales, el proceso o las manos que la moldearon. Aquí existe una comprensión de que la artesanía no se trata solo de hacer cosas, se trata de crear significado.»

En Estudio Roca, conocido por su compromiso con los materiales sostenibles y las técnicas de fabricación de vanguardia, los diseñadores observaron cómo la tecnología moderna puede integrarse perfectamente con la artesanía tradicional. Una visita a Alfonso Marina reveló que la artesanía no es solo una práctica, es un legado familiar. Fundada hace más de cuatro décadas por el propio Alfonso Marina, la marca ha permanecido como una labor de amor, ahora liderada por sus hijas, Isabel y Lucia Marina. Al recorrer su sala de exposición, los diseñadores presenciaron de primera mano cómo se manifiesta ese tipo de dedicación: piezas que no solo están diseñadas para ser hermosas, sino para perdurar, para ser transmitidas como artefactos preciados. «Nuestro padre siempre creyó que los muebles deberían sobrevivir a las tendencias», compartió Isabel. «Deberían tener alma.»

Y esa alma está en los detalles: cada veta de madera cuidadosamente seleccionada, cada adorno tallado a mano, cada acabado perfeccionado por artesanos que han estado perfeccionando su oficio durante décadas. «Muchas personas subestiman a México en lo que respecta a la artesanía fina», añadió Lucia. «Pero las habilidades aquí rivalizan con las mejores del mundo. Tenemos artesanos que han estado haciendo esto toda su vida, transmitiendo técnicas que se han heredado durante generaciones. Ese tipo de conocimiento es invaluable.»

En un mundo obsesionado con la velocidad y la producción en masa, Alfonso Marina es un recordatorio de que el verdadero lujo no se trata de tener más, sino de crear cosas que realmente perduren.

Sala de exposición de Alfonso Marina – Ciudad de México

En la Galería Territorio, el grupo ingresó a un espacio que se sentía menos como una sala de exposición y más como una conversación viva, una donde el diseño mexicano no solo se preservaba sino que se reimaginaba. Aquí, los diseñadores emergentes estaban desafiando límites, mezclando formas experimentales con materiales poco convencionales para desafiar la idea misma de lo que el diseño funcional podría ser. Iluminación escultórica, muebles tallados a mano que servían como arte, textiles tejidos con texturas inesperadas: cada pieza portaba una energía distintiva, una declaración audaz de que la artesanía en México era todo menos estática.

Diseñadores en la Galería Territorio

Amaya Ducru, una de las curadoras de la galería, lo expresó mejor. «Hay un alma en el trabajo creado aquí», dijo. «No se trata solo de hacer algo hermoso, se trata de honrar el proceso, los materiales, las manos que lo dan vida. Ya sea madera, metal o fibras tejidas, se puede sentir la paciencia, el respeto, la comprensión del oficio que se ha transmitido a través de generaciones.»

Esa reverencia era evidente en cada pieza. En Territorio, los diseñadores no solo preservaban técnicas patrimoniales; las estaban expandiendo, doblando la tradición en formas nuevas e inesperadas. La galería no era solo un lugar para admirar, era un espacio para repensar lo que la artesanía mexicana podría ser, para presenciar un movimiento donde la historia y la innovación caminaban de la mano.

Galería Territorio

La experiencia continuó en OMR Art, una de las galerías contemporáneas más influyentes de México, con una visualización privada de la obra de Yann Gerstberger, donde las fronteras entre el arte y el diseño se disolvieron. Sus vibrantes tapices, elaborados a partir de cabezas de trapeador reutilizadas, transformaron materiales cotidianos en composiciones ricamente texturizadas, casi pictóricas, creando un diálogo que se percibía tanto contemporáneo como atemporal.

En EWE Studio, el grupo tuvo una visualización privada con Héctor Esrawe, donde compartió su filosofía sobre honrar la artesanía mientras la impulsa hacia adelante. En el estudio —un colectivo conocido por su enfoque escultórico en mobiliario e iluminación— la conversación giró en torno a cómo las técnicas ancestrales pueden prosperar en el diseño contemporáneo.

Fundado en 2017 por la galerista Age Salajõe y los diseñadores Manuel Bañó y Esrawe, EWE fusiona la artesanía tradicional con formas modernas y audaces, demostrando que el patrimonio mexicano no está congelado en el tiempo, sino que está vivo, evolucionando y moldeando el diseño global. El grupo también ingresó a Studio And Jacob, donde los materiales táctiles y la estética minimalista revelaron una profunda reverencia tanto por el proceso como por la materialidad.

interior de And Jacob

Finalmente, en Lørdåg Søndag, se reunieron con Salvador Compañ, cuyo trabajo encarna la filosofía de que el diseño debe evocar emoción y conexión, en lugar de simplemente servir una función.

Cada visita reforzó la misma verdad: el diseño mexicano no solo es diverso y profundamente arraigado en la historia, sino que está moldeando audazmente el futuro de la estética global.

Por qué los Puentes Económicos Importan Más que Nunca

Pero este viaje no se trataba solo de maravillarse ante el gran diseño mexicano; se trataba de algo más profundo. Se trataba de acción.

Mientras deambulábamos por los corredores bañados por el sol de Casa Pedregal, Warnock hizo una pausa, absorbiendo los tonos vibrantes y la geometría impactante. Luego, con el tipo de convicción que proviene de la experiencia vivida, dijo: «Cuando inicias un negocio con alguien en un país extranjero, no solo estás cerrando un trato, estás forjando una relación. Te obliga a adaptarte, a resolver problemas juntos, a encontrar un terreno común. Y a medida que construimos puentes económicos, terminamos construyendo algo aún más significativo: conexiones culturales, personales e incluso políticas».

Fue un recordatorio de que el diseño, como los negocios, nunca se trata solo de estética; se trata de personas y los puentes que construimos. Surgen conexiones inesperadas a lo largo del camino, moldeando el proceso creativo. Más allá de planos y balances, la colaboración en un mundo globalizado exige adaptabilidad. Nos impulsa a resolver problemas y encontrar un terreno común. Al final, no se trata solo de lo que creamos, sino de cómo esas creaciones nos acercan más.

Redefiniendo la Colaboración en el Diseño

Estados Unidos y México son socios económicos profundamente entrelazados, sin embargo, en el mundo del arte, la artesanía y el diseño, sus industrias a menudo operan en silos. Los diseñadores estadounidenses adquieren piezas «inspiradas en México» sin jamás conocer a los artesanos detrás de ellas. Los diseñadores mexicanos producen obras que terminan en hogares de lujo, desconectadas de las personas que las encargaron. El resultado es una relación transaccional, no una verdadera colaboración. Este viaje tenía como objetivo cambiar eso.

Aquí, los diseñadores no solo admiraban objetos hermosos. Estaban conociendo a las manos que los moldearon y escuchando sus historias. Esto no se trataba de inspiración irreflexiva o selección cultural arbitraria. Se trataba de apreciación con intención y de construir relaciones reales. Estas conexiones empoderaron tanto a diseñadores como a artesanos. El cambio se alejó de las tendencias efímeras hacia colaboraciones significativas y a largo plazo.

Estas colaboraciones no solo apoyaron económicamente a los artesanos, sino que también impulsaron a la industria del diseño hacia un futuro más ético y sostenible. ¿Y el impacto? Ya se está materializando.

Tejido de cestas en Lørdåg Søndag

«Hemos tenido muchos diseñadores que compran piezas durante sus viajes», señaló Warnock. «Pero el verdadero éxito no es solo lo que se llevan a casa, sino lo que continúan especificando en sus proyectos mucho después de irse. El objetivo es construir asociaciones continuas, donde estos artesanos se conviertan no solo en una fuente de inspiración, sino en una parte duradera de su práctica de diseño».

En ese momento, Marcos Jassan puntualizó la conversación con una observación importante: el papel del intermediario. Explicó que diseñadores como Héctor Esrawe, Daniel Orozco y otros actúan como conductos vitales entre los artesanos tradicionales y el mercado global. Al elevar la artesanía al diseño contemporáneo, crean un puente que permite que estas técnicas centenarias prosperen más allá de los mercados locales.

«El oficio por sí solo no es suficiente», afirmó Jassan. «Se necesitan diseñadores que comprendan ambos mundos: las tradiciones de los artesanos y las exigencias del mercado global. Sin ellos, estas increíbles habilidades permanecen ocultas. No se trata solo de preservar el oficio; se trata de otorgarle un futuro».

Esto, quizás, es el verdadero futuro del lujo: no la producción en masa, sino la colaboración significativa.

En México, el oficio es más que una mera habilidad; es patrimonio. Es un linaje transmitido a través de generaciones, donde cada pieza porta el alma de su creador. Los ricos matices de los textiles oaxaqueños, la delicada precisión de la cerámica de Talavera y la belleza escultórica de la cerámica de barro negro de San Bartolo Coyotepec son más que simples objetos. Son historias vivas.

En esta visión del lujo, el diseño no consiste en perseguir tendencias. Se trata de honrar la cultura, preservar la tradición y forjar conexiones humanas que trascienden fronteras.

Una clase magistral en escuchar

El momento que consolidó esta idea ocurrió dentro del estudio privado de visualización de Héctor Esrawe, donde el resplandor de las luminarias cuidadosamente colocadas proyectaba sombras sobre prototipos, materiales en bruto y obras en progreso. La atmósfera se percibía aún más intencional, casi meditativa: un espacio donde cada pieza existía en un estado de devenir. La sala estaba silenciosa pero cargada, un recordatorio de que el diseño aquí no se precipitaba, sino que se cultivaba cuidadosamente.

Héctor Esrawe en EWE Studio

«El diseño mexicano posee un lenguaje profundamente arraigado en la historia, pero que constantemente se reinventa», afirmó Esrawe, mientras se señalaba una mesa donde una pieza estaba siendo moldeada a mano. Cada corte y curva estaba imbuido de generaciones de conocimiento, sus movimientos deliberados. Alguien en el grupo preguntó cómo equilibra el control creativo con la artesanía tradicional.

«No se dicta a un artesano», dijo. «Se escucha y se permite que su conocimiento guíe la pieza». Era una declaración simple, pero que portaba el peso de siglos de artesanía: un recordatorio silencioso de que el verdadero diseño no consiste en imponer ideas, sino en comprenderlas.

Para muchos de los diseñadores, fue un momento de reflexión profunda. El diseño estadounidense prospera en la eficiencia, la velocidad y el control: se siguen planos, los plazos son ajustados y el producto final es el rey. Pero aquí estaba Esrawe, uno de los diseñadores más celebrados de América Latina, invirtiendo esa mentalidad. Les estaba diciendo que se dejaran llevar, que se rindieran al proceso, que confiaran en las manos que dan forma a la obra. No se trataba de la perfección en un plazo determinado; se trataba de honrar el ritmo del oficio en sí.

Más tarde, mientras el grupo reflexionaba sobre la experiencia, Janine Arietta de JAS Interior Design admitió que la lección había cambiado algo en ella. «Me hizo reconsiderarlo todo», dijo. «¿Por qué asumimos que más rápido es mejor? ¿Por qué no dejamos que el oficio dicte el ritmo?» En ese momento, el viaje se había convertido en algo más que una exploración del diseño: era una recalibración de cómo veían el tiempo, el arte y el alma detrás de cada objeto. Era un recordatorio de que el diseño mexicano no se trata solo de estética, sino de abrazar la tradición y permitir que evolucione con propósito.

Velada final en Fuego Vivo

En la última noche, nos deslizamos por los antiguos canales de Xochimilco, donde los jardines flotantes han sustentado la vida durante siglos. El agua estaba quieta, reflejando el resplandor dorado de las linternas, mientras nuestra trajinera se deslizaba hacia Chinampa Fuego Vivo, una granja dedicada a preservar las técnicas agrícolas prehispánicas.

Bajo la luz de las velas, nos sentamos en una larga mesa de madera, degustando una comida obtenida enteramente de las chinampas: tamales de quelite, calabaza asada, tortillas de maíz; cada bocado era un recordatorio de que la sostenibilidad no es una nueva tendencia. Es un modo de vida que precede a la industrialización misma. El aire olía a mezquite ardiendo, y por primera vez en días, la conversación se ralentizó. La energía del viaje —visitas a estudios, recorridos por galerías, discusiones sobre artesanía y comercio— se asentó en algo más reflexivo.

Fernando Arozarena, arquitecto principal y cofundador de Fuego Vivo, se situó a la cabecera de la mesa. Su voz era firme mientras hablaba sobre la historia bajo nuestros pies.

Pintó una imagen vívida del sistema de chinampas, una innovación agrícola mesoamericana que había alimentado a civilizaciones durante siglos. Estos jardines flotantes transformaron el agua en tierra fértil para cultivos, un método tan eficiente que aún ofrece soluciones para los desafíos de sostenibilidad modernos.

Mirando al pasado para el futuro

«La gente piensa que la sostenibilidad se trata de nueva tecnología», expresó Arozarena, señalando los canales a nuestro alrededor. «Sin embargo, las verdaderas respuestas a menudo se encuentran en el pasado. Estas chinampas han perdurado durante siglos porque funcionan. La tierra nos proporciona lo que necesitamos y, a cambio, la respetamos». Era una filosofía que resonaba mucho más allá de la agricultura. El delicado equilibrio entre tradición y modernidad, preservación e innovación, constituía el tema central de este viaje.

Para la diseñadora Susie Novak, la experiencia en Fuego Vivo lo puso todo en perspectiva. «Todo este viaje ha girado en torno a la conexión», afirmó, observando alrededor de la mesa. «Conexión con la historia, con la artesanía, con las personas que crean estas cosas. Estar aquí sentados, degustando alimentos que se han cultivado de la misma manera durante generaciones, hace que todo, incluso el diseño, se considere de manera diferente. Este viaje no se trataba solo de ver objetos hermosos. Se trataba de comprender de dónde provienen y por qué son importantes».

A medida que la noche avanzaba y se pasaban copas de mezcal, Jim Warnock asintió en señal de acuerdo. «Así como hablamos de diseño sostenible, debemos hablar de alimentación sostenible», declaró. «Estas tradiciones han perdurado durante siglos y, en lugar de reemplazarlas, deberíamos aprender de ellas». Este sentimiento resonaba en todos los aspectos del viaje, desde la manera en que los artesanos tallan muebles a mano hasta cómo los arquitectos moldean el espacio con luz y sombra. El pasado no es algo que desechar; es algo sobre lo que construir. Y mientras los diseñadores estaban allí sentados, rodeados de una tradición que había sobrevivido a imperios, se hizo evidente: la verdadera sostenibilidad, ya sea en alimentación, diseño o cultura, no se trata de reinvención constante. Se trata de respeto.

El Futuro del Lujo No Es Lo Que Pensábamos

La Diseñadora Susie Novak en el Interior de Casa Pedregal

Durante el vuelo de regreso, no dejaba de pensar en algo que Jim Warnock había dicho anteriormente: «Si algo es producido en masa, no importa si la etiqueta dice Gucci—el valor disminuye».

Esto persistía en mi mente porque desafiaba todo lo que se nos ha enseñado a creer sobre el lujo. Vivimos en un mundo donde la escasez se confunde con el valor. El logotipo correcto en un tejido puede justificar un precio astronómico. La exclusividad a menudo se comercializa como sofisticación.

Pero México nos mostró otra perspectiva. Aquí, la artesanía no se trata de estatus, sino de legado e historia. El verdadero valor reside en las manos que dan forma al trabajo.

Lujo, No Exclusividad

El lujo aquí no estaba encerrado tras vitrinas ni oculto en suntuosos salones de exposición. Vivía en el tejido lento y deliberado de un textil y en las marcas del cincel dejadas por un escultor. Prosperaba en el conocimiento transmitido a través de generaciones.

Artesanos, arquitectos y diseñadores abrazaban los materiales naturales, trabajando con ellos en lugar de contra ellos. El movimiento de la luz a través de los espacios de Barragán reflejaba esta filosofía, al igual que el enfoque de Esrawe de permitir que las manos de los creadores dieran forma a sus piezas. Los agricultores de Chinampa Fuego Vivo llevaban adelante este legado, preservando técnicas agrícolas que precedían a la industria moderna.

Cuanto más reflexionaba sobre ello, más claro se volvía: el verdadero lujo no se trata en absoluto de exclusividad. Se trata de intención. Se trata de comprender de dónde proviene algo, quién lo hizo y por qué es importante.

Este viaje lo hizo innegable: el lujo no consiste en tener algo que nadie más posee. Consiste en conocer la historia de lo que tienes. Y eso es algo que el mundo del diseño no puede permitirse olvidar.

Este viaje dejó clara una cosa: el verdadero lujo no se trata de exclusividad, sino de conexión. No se trata solo de poseer algo raro, sino de comprender su historia, artesanía y valores, convirtiéndolo en un tesoro para ti. Y en un mundo obsesionado con el diseño, eso es algo que no podemos permitirnos olvidar. En muchos aspectos, el diseño mexicano encarna esta filosofía, donde el patrimonio, la artesanía y la innovación se fusionan para crear algo atemporal.


Fotografía: Gabriel Magdaleno

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Patrick Duffy is the founder of Global Fashion Exchange, a company catalyzing positive impact through strategic consulting roadmaps focusing on supply chain transparency, worker rights, responsible production for B2B as well as consumer facing programming and community building focusing on aligning people or communities with the SDGs.

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